sábado, 5 de febrero de 2011

Cupido

El día de los enamorados no sería lo mismo sin Cupido, el pequeño dios del amor en la mitología romana.

Mucho antes de la celebración del día de San Valentín, Cupido ya ocupaba un lugar protagónico en las festividades griegas y romanas dedicadas al amor.

También conocido como Eros en la mitología griega, este niño alado es hijo de Venus (Afrodita para los griegos), diosa de la belleza y la fertilidad.

Resulta extraño que Cupido, siendo un dios mitológico, sea representado por un niño. La historia cuenta que su propia madre, Venus, se sorprendió al comprobar que su hijo no crecía. Preocupada se dirigió al Oráculo de Temis, que le dijo: "El amor no puede crecer sin pasión".

En la Tierra de los humanos vivía una princesa llamada Psique (Alma), a la que Venus envidiaba por su gran belleza. Sin embargo, esta bella mujer no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella. Un Oráculo predijo que Psique encontraría el amor en un precipicio.

Cuando Psique estaba en el borde del abismo, Venus envió a su hijo Cupido a eliminarla con sus flechas. Pero Cupido, al verla, se enamoró profundamente y creció hasta convertirse en un apuesto joven. Contra los deseos de su madre, Cupido se casó con Psique y fueron muy felices hasta que ella, incitada por sus envidiosas hermanas, rompió la prohibición impuesta por los dioses: miró a su marido siendo ella una simple mortal.

Como castigo Psique fue alejada de Cupido y desde entonces la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando los obstáculos que le ponían los dioses. Fue tanto lo que Psique luchó que finalmente el Olimpo decidió convertirla en diosa para que pudiera reunirse con su amado Cupido.

Desde entonces el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha de Cupido.









Asi nos conocimos.






Cuando estamos cerca de él o ella y por primera vez escuchamos su voz, nuestra respuesta inmediata se ve manipulada por la noradrenalina, que aumentan el pulso cardiaco, hace que nos suden las manos y nos comportemos con cierta torpeza; esta sustancia se vincula con el impulso primitivo de supervivencia, el pelear o correr que a permitido la evolucion humana. Al apercibir que nuestras señales son correspondidas, entra en acción la Dopamina, otro neurotransmisor asociado con los mecanismos de recompensa en el cerebro. Suena el silbato en la fábrica de feniletilamina; este compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas incrementa la presión arterial y el nivel de glucosa sanguínea, las mejillas se sonrojan, nos invade una agradable sensación de placer y, sin poder controlarlo, nos hemos enamorados; no percibimos ningún defecto en la persona amada, su presencia es un afrodisiaco, el mundo es perfecto mientras tengamos al manantial de nuestro gozo cerca de nosotros. La feniletilamina (FEA) se puede medir por los niveles de su metabolismo en la orina, el acido fenilacetico; sus niveles bajos están relacionado con la depresión. No existen fuentes naturales de FEA, pero los alimentos ricos en proteínas contienen fenilamina, aminoácido precursor de ella, aunque se necesita grandes cantidades para igualar el efecto. Incluso, a pesar de lo que la sabiduría popular y algunos médicos recomiendan consumir chocolates no servirá de mucho en este caso, pues no habría el suficiente para desatar la misma intensidad de placer.