miércoles, 15 de junio de 2011

la INTEGRIDAD factor de EXITO

Se dice que cierto día salieron a pasear juntas la Ciencia, la Fortuna, la Resignación y la Integridad. Mientras caminaban dijo la Ciencia:

-Amigas mías, pudiera dares el caso de que nos separáramos unas de otras y sería bueno determinar un lugar donde pudiéramos encontrarnos de Nuevo. A mí, podréis encontrarme en la biblioteca de aquel sabio Dr. X, a quien, como sabéis, siempre acompaño.

En cuanto a mi- expreso la Fortuna-me hallareis en casa de ese millonario cuyo palacio esta en el centro de la ciudad.

La Resignación por su parte dijo: - A mi podréis encontrarme en la pobre y triste choza de aquel buen viejecillo a quien con tanta frecuencia veo y que tanto ha sufrido en la vida.

Como la integridad permaneciese callada, sus compañeras le preguntaron: - Y a ti, ¿dónde te encontraremos?

La integridad, bajando tristemente la cabeza, respondió:

-A mí, quien una vez me pierde jamás vuelve a encontrarme.

Quien pierde su integridad y su honradez lo ha perdido todo. Comprende que la integridad no se adquiere de la noche a la Mañana.

viernes, 3 de junio de 2011

Cuándo se acaba una etapa de la vida.


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida

sábado, 5 de febrero de 2011

Cupido

El día de los enamorados no sería lo mismo sin Cupido, el pequeño dios del amor en la mitología romana.

Mucho antes de la celebración del día de San Valentín, Cupido ya ocupaba un lugar protagónico en las festividades griegas y romanas dedicadas al amor.

También conocido como Eros en la mitología griega, este niño alado es hijo de Venus (Afrodita para los griegos), diosa de la belleza y la fertilidad.

Resulta extraño que Cupido, siendo un dios mitológico, sea representado por un niño. La historia cuenta que su propia madre, Venus, se sorprendió al comprobar que su hijo no crecía. Preocupada se dirigió al Oráculo de Temis, que le dijo: "El amor no puede crecer sin pasión".

En la Tierra de los humanos vivía una princesa llamada Psique (Alma), a la que Venus envidiaba por su gran belleza. Sin embargo, esta bella mujer no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella. Un Oráculo predijo que Psique encontraría el amor en un precipicio.

Cuando Psique estaba en el borde del abismo, Venus envió a su hijo Cupido a eliminarla con sus flechas. Pero Cupido, al verla, se enamoró profundamente y creció hasta convertirse en un apuesto joven. Contra los deseos de su madre, Cupido se casó con Psique y fueron muy felices hasta que ella, incitada por sus envidiosas hermanas, rompió la prohibición impuesta por los dioses: miró a su marido siendo ella una simple mortal.

Como castigo Psique fue alejada de Cupido y desde entonces la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando los obstáculos que le ponían los dioses. Fue tanto lo que Psique luchó que finalmente el Olimpo decidió convertirla en diosa para que pudiera reunirse con su amado Cupido.

Desde entonces el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha de Cupido.









Asi nos conocimos.






Cuando estamos cerca de él o ella y por primera vez escuchamos su voz, nuestra respuesta inmediata se ve manipulada por la noradrenalina, que aumentan el pulso cardiaco, hace que nos suden las manos y nos comportemos con cierta torpeza; esta sustancia se vincula con el impulso primitivo de supervivencia, el pelear o correr que a permitido la evolucion humana. Al apercibir que nuestras señales son correspondidas, entra en acción la Dopamina, otro neurotransmisor asociado con los mecanismos de recompensa en el cerebro. Suena el silbato en la fábrica de feniletilamina; este compuesto orgánico de la familia de las anfetaminas incrementa la presión arterial y el nivel de glucosa sanguínea, las mejillas se sonrojan, nos invade una agradable sensación de placer y, sin poder controlarlo, nos hemos enamorados; no percibimos ningún defecto en la persona amada, su presencia es un afrodisiaco, el mundo es perfecto mientras tengamos al manantial de nuestro gozo cerca de nosotros. La feniletilamina (FEA) se puede medir por los niveles de su metabolismo en la orina, el acido fenilacetico; sus niveles bajos están relacionado con la depresión. No existen fuentes naturales de FEA, pero los alimentos ricos en proteínas contienen fenilamina, aminoácido precursor de ella, aunque se necesita grandes cantidades para igualar el efecto. Incluso, a pesar de lo que la sabiduría popular y algunos médicos recomiendan consumir chocolates no servirá de mucho en este caso, pues no habría el suficiente para desatar la misma intensidad de placer.